Hace muchos años, siendo un adolescente y atravesando por circunstancias sumamente adversas, me di a la tarea de "husmear" entre las pertenencias de mi hermano Sergio quien para entonces llevaba ya algunos años padeciendo "demencia post-traumática" derivada de un extraño accidente en el que no he de abundar y quien hoy no se encuentra más entre nosotros. El caso es que me encontré con un libro llamado "El Retorno de los Brujos", libro de complicada lectura pero del que tan solo leer el prefacio dio un giro importante y sustento a mi vida entonces "sin rumbo", aqui me permito reproducir parte fundamental del texto:
... Mi padre poseía una treintena de libros alineados en el estrecho armario de su taller. Junto con las bobinas, los jaboncillos, las hombreras y los patrones había también, en aquel armario, millares de notas escritas con caracteres menudos y aplicados, sobre un ángulo del tablero, durante las incontables noches de labor. Entre aquellos libros, había yo leído Le Monde avant la Création de l’Homme, de Flammarion, y estaba entonces descubriendo ou va le Monde?, de Walter Rathenau. Y fue esta obra de Rathenau la que me puse a encuadernar, no sin trabajo. Rathenau fue la primera víctima de los nazis, y estábamos en 1936. Cada sábado, en el pequeño taller del curso complementario, hacía mi trabajo manual por amor a mi padre y al mundo obrero. Y el día primero de mayo, hice ofrenda del Rathenau encuadernado, al que acompañé con una brizna de muguete. Mi padre había subrayado con lápiz rojo, en este libro, un largo párrafo que he conservado siempre en la memoria:
Incluso la época del agobio es digna de respeto, pues es obra, no del hombre, sino de la humanidad y, por lo tanto, de la naturaleza creadora, que puede ser dura, pero jamás absurda. Si es dura la época en que vivimos, tanto más debemos amarla, empaparla de nuestro amor, hasta que logremos desplazar las pesadas masas de materia que ocultan la luz que brilla al otro lado.
Yo también memoricé aquellas palabras en cierta época de agobio hace años y a mi también me ayudaron a desplazar las pesadas masas de materia, de hecho, sigo recurriendo a ellas cuando "me atoro" y las he transmitido a seres cercanos cuando creo que son aplicables.
Vale comentar, que en alguna ocasión que buscaba la referencia precisa en internet, topé con "Nuestro hombre de Tasmania" http://desdetasmania.wordpress.com/2006/11/08/la-epoca-de-agobio-es-digna-de-respeto/ a quien también han servido estas palabras en alguna parte de su vida y complementa diciendo: "En todo el tiempo que medio entre las penumbras y la luz descubrí que ni la luz desaparece nunca por completo ni la oscuridad es capaz de sepultarlo todo. Que la luz brille o que las tinieblas permanezcan es una cuestión de percepción. Al fin y al cabo el Sol sale todos los días, nos demos o no cuenta."
Un abrazo...
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