Como lo he comentado en otro momento, este blog tuvo origen en aquello de la publicación de las llamadas máximas, hoy a mucho tiempo de distancia y habiendo ocurrido varios serios descalabros en mis relaciones con la mayoría de los protagonistas de entonces, he decidido volver a publicar algo, tengo claro que uno de mis grandes motivadores para la escritura, han sido los estados alterados y hoy a cuatro meses de haberse concretado mi estado de desempleo, y con el ánimo por los suelos me viene a la mente la seguridad que me hacía sentir mi papá, si, mi papá. Tengo claro que para la mayoría de los seres humanos la imagen paterna sea determinante y que en situaciones "normales" lo habitual es que el papá sea un ejemplo a seguir, un símbolo de seguridad, "el proveedor" por excelencia, sobre todo en sociedades latinas. Bien pues mi caso no es la excepción, me toco nacer cuando él era ya un individuo de 49 años y siendo el onceavo de la fila, es claro que fueron muy pocas las oportunidades de cercanía con mi padre, y al hablar de cercanía me refiero a la figura del papá pateando un balón con su hijo o corriendo por el parque, mi padre fue un tipo que no se la vio fácil en el tema de la crianza, realmente no es mucho lo que se de él. Nació en la ciudad de Morelia Michoacán en Agosto de 1920 entiendo que con cierta distancia entre él y mi abuelo, quien según sé, tuvo mas de una esposa o pareja y varios hijos, no conozco bien a bien a todos mis tíos. El caso es pues que teniendo únicamente la educación primaria, con su esfuerzo, perseverancia y dos manos le dio casa, comida y sustento a mi madre y a once hijos. Entiendo que hubo épocas muy difíciles en lo económico pero sé que nunca tuvo la necesidad de pedirle a alguno de mis hermanos que se pusieran a trabajar para colaborar al sustento de la casa. Yo por ser el ultimo de la fila la tuve, como dicen por ahí, "mas papita". Era un tipo recio que bien podría catalogarse ahora como "macho" y muy seguramente el haber tenido ciertas características de ese tipo, le sirvió como herramienta y soporte para "no rajarse", para hacerle frente a la vida y sus circunstancias, hoy, sé de muchos que con menos hijos y mucha mas preparación se echan atrás y dejan por ahí en el desamparo a sus familias o "medio les cumplen", imposible que mi padre fuera así. No viví en la abundancia, pero nunca pase carencias, siempre hubo alimentos, ropa, útiles escolares, juguetes, algunos paseos y los Reyes Magos llegaron siempre puntuales a la cita del día 6. Era muy hábil con las manos, no se muy bien de donde aprendió tantas cosas, y el tener que haber sido su “chalán” en muchas ocasiones me dio la oportunidad de haberle aprendido muchas, leyó con avidez y a pesar de su escasa instrucción académica tenia una dicción casi perfecta y conocimientos sobre muchos temas, pocas cosas escaparon a su dominio y solo le conocí una frase que voluntariamente decidió no conocer, la borró por decisión: "No puedo". Dicharachero hasta el tope, siempre hubo un dicho, frase o refrán que aplicar en circunstancias especificas y estos han trascendido a sus hijos y a muchos de aquellos que lo conocieron, esa fue, sin saberlo y ni siquiera desearlo, su herramienta para alcanzar la vida eterna. Siempre enjundioso y siempre dispuesto a defender lo suyo y a los suyos decía que "No hay un Murillo pendejo". Siempre fui espectador de primera fila, pero tuve muy pocas oportunidades de estar verdaderamente cerca de él. Una de ellas la recuerdo imborrable, tenía once años y estaba por terminar la escuela primaria y entonces tuve un periodo extraordinario de vacaciones lo cual me dio la oportunidad de “colarme” en un viaje que él y mi mamá tenían planeado, durante poco más de una semana viajamos por la capital de Oaxaca, Puerto Escondido y Acapulco, fue un viaje maravilloso, no había nadie entre él y yo, me consintió hasta donde pudo, mi madre fue tan consecuente que prácticamente mi opinión era la única que contaba para decidir que y en donde comíamos, en donde nos hospedábamos, hasta me dejo usar su cámara fotográfica. Pero de todo el viaje hay unos minutos específicos que seguramente recordaré hasta el día en que muera, estábamos en Pie de la Cuesta en la costa del Estado de Guerrero, las olas eran enormes y el mar estaba bastante hostil, mi papá se metió como si nada y me enseñó como hacer para poder "convivir" con las olas sin riesgo, mi mamá nos miraba desde fuera con un poco o un mucho de nervios pero yo estaba ahí, entre las olas sin ningún temor, con la seguridad que me daba saber que ahí estaba mi papá y no iba a dejar que me pasara nada. Hoy a poco más de cuatro años de su fallecimiento (13 de junio de 2004) y justo a cuatro meses de estar desempleado, quisiera tener la certeza de que el esta ahí, en algún lugar, que me esta mirando y que todo va a estar bien porque una vez más no va a permitir que me pase nada. Don Luis perdona si a veces no te dejo descansar en paz. Frecuentemente recurro a su fotografía en busca de alguna respuesta, de algún consejo, hay veces en las que, cuando viajo solo en el coche, siento como si él viniera ahí y le platico cosas, sé que de alguna manera me esta escuchando y se también que "de alguna manera" habrá de mandar las respuestas necesarias en mis momentos difíciles. Pá te extraño mucho.
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